Geovani, un niño formal

 

Geovani, un niño inquieto

 

Geovani, un adolescente serio

 

 

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Nací en Isla Mujeres, Quintana Roo, el 20 de Octubre de 1968; justo en medio de las Olimpiadas que se celebraron en nuestro País, aquellas que se vieron empañadas por la matanza de jóvenes estudiantes y todo el encono que en otros países del mundo generó el incidente; era un despertar de la sociedad, el movimiento Hippie clamaba por amor y paz, y un sin fin de nuevas drogas se apoderaban de la juventud...

Bueno, todo esto de que te hablo, sucedía en la capital de nuestro País y el resto del Mundo, pero donde yo nací, ahí todo era diferente: había una población de 700 habitantes, un solo hospital daba servicio a las que como mi Madre, optaban por tener a sus hijos en la ínsula, ya que la mayoría se iban a Mérida o a Valladolid y luego de 15 o 30 días regresaban. Te hablo de Isla Mujeres donde, considerando los medios de comunicación existentes en esa época, poco se sabía de lo que pasaba en el resto del mundo.

De esa hermosa y tranquila Isla, llegué a Cancún un día del mes de julio de 1973. Recuerdo que el barco en el que cruzamos todas nuestras cosas desde Isla Mujeres hacia este nuevo destino, se llamaba “La Sultana”; era propiedad de una Familia de mucho arraigo en la Isla, de hecho, hasta el día de hoy siguen siendo gente muy importante, que ha aportado mucho en la vida de nuestro Estado, ellos son los Magaña.

Mi etapa de primaria fue como de “gitano errante”. Quiero contarte que fui un niño sumamente inquieto, estudie en 8 años la primaria ¡en 5 diferentes escuelas! Si esta historia la contara otra persona, sin duda alguna diría que fui un niño terrible, pero gracias a Dios la cuento yo y por eso digo que fui inquieto...

Estudié primero en la escuela “Alfredo V. Bonfil”, luego en el “Itzamná”, después en la “Ciudades Hermanas Wichita Cancún”, después en el “Colegio Británico” y por último en la escuela “Niño Artillero”; jamás fui un alumno destacado, claro que con el tiempo logré agarrarle gusto al estudio, pero en un Cancún como el que a mi me tocó vivir, habiendo tanto por descubrir: selvas, lagunas, cuevas y miles de cosas que me distraían de tiempo completo ¿cómo tomar la primaria como algo importante, si la naturaleza tenia tanto qué enseñarme? Era tan increíble Cancún ¡no sabes cuánto extraño todo aquello que me dejaba descubrir algo nuevo cada día! ¡¡Tengo tanto que devolverle a esta tierra!!

De la secundaria, (sólo pasé por una escuela así que, como verás, en la adolescencia “me asenté”), conservo grandes amigos, entre ellos a algunos profesores que fueron fundamentales en la formación de la persona que soy ahora: el Profesor Mario Díaz, su hermano Martín y su guitarra, John Dumbar, mi querida maestra Maricarmen, Raúl, el Profesor, Kart quien también fue Director de la escuela, Carmen Cecilia que fue quien me inculcó el amor por la literatura, mi adorada Lulú Pacho, cómo odiábamos taquimecanografía, pero como la queríamos a ella (ahora le agradezco, ya que soy buenísimo escribiendo en la computadora), cómo olvidar al profesor Juan Bautista, quien hasta hoy sigue siendo un apasionado promotor del deporte; el profesor Ricardo, además de buen maestro un excelente dentista, recuerdo que éramos el salón más unido de La Salle, éramos una familia, desafortunadamente ya no nos frecuentamos, ocasionalmente nos encontramos y eso sí, cuando nos vemos lo hacemos con mucho cariño... Todos son hombres y mujeres de bien, siempre dispuestos a dar lo que tienen por Cancún.

Después de concluir la secundaría, pocas eran las opciones que teníamos los jóvenes de Cancún para continuar nuestra preparación profesional, de hecho, eran solo dos: el Colegio de Bachilleres o el CONALEP. Claro, habían otros más afortunados que podían salir a otros Estados o países y continuar sus estudios. En mi caso, como yo sostenía económicamente mis estudios, opté por quedarme en Bachilleres y no me arrepiento en lo más mínimo pues esa decisión me brindó la oportunidad de conocer al Ingeniero José Luis Alvareda, a quien le tengo un gran cariño y admiración; a mi maestra de química Clarita Burgos, quien hoy es Directora del plantel II; al profesor Elías; a mi adorada maestra de Teatro, la Profesora Mejía; al profesor Novelo; a compartir con Guadalupe Iñigo las horas de estudio (es algo de lo más divertido que recuerdo); fueron muchas cosas vividas en Bachilleres y fue, sin lugar a dudas, el lugar donde reafirmé lazos con mis amigos de secundaria y conocí a otros grandes amigos que hasta el día de hoy sigo viendo y saludando con mucho cariño.

Continuará...

 

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